El consentimiento sexual

El consentimiento, a nivel jurídico, se define como ¨la exteriorización de la voluntad entre dos o varias personas para aceptar derechos y obligaciones¨. Es decir, el acuerdo entre dos o más personas para tomar una decisión, disfrutando de sus beneficios y asumiendo sus consecuencias. El consentimiento está estrechamente relacionado con la voluntad, el deseo de hacer o permitir una acción. Para poder dar consentimiento son necesarios una serie de criterios o premisas:

  • Capacidad para obrar: es decir, capacidad cognitiva, contar con la suficiente madurez y capacidad de reflexión y razonamiento. Se entiende que, para poder consentir, una persona tiene que entender y decidir libremente. Por eso, las/os menores de edad o las personas con diagnósticos mentales graves requieren de una tutela para tomar determinadas decisiones. Igualmente, una persona bajo diferentes estados transitorios (estado de embriaguez, pérdida de conciencia, coma, etc.) no posee capacidad de obrar, por lo tanto, no tiene en ese momento, opción a consentir.
  • Voluntariedad: consentir significa aceptar voluntariamente. Un consentimiento nunca puede ser válido si lleva consigo amenazas, manipulaciones, intimidaciones o chantajes. Cuando una persona da su consentimiento, está aceptando voluntaria y libremente todo lo que esa decisión conlleva, pero nunca hablamos de consentimiento si detrás existe una presión de las anteriormente mencionadas.
  • Es informado: para poder consentir, una persona debe contar con toda la información de aquello que está aceptando. Consentir no significa aceptar únicamente una parte positiva; consentir significa estar de acuerdo con la decisión, incluyendo todo lo que eso implica: riesgos y beneficios. Por tanto, para poder consentir, debemos conocer absolutamente toda la información, todas las posibles consecuencias y casuísticas que podrían derivarse de la decisión. Solo cuando tengamos toda la información estaremos consintiendo realmente.
  • Especificidad: el consentimiento debe ser específico. Esta característica va de la mano de la información. Una persona puede consentir una acción A pero no consentir una acción B muy próxima (en tiempo, espacio, características, etc.) a A. Sin embargo, consentir A no implica consentir B. Es importante que el consentimiento se especifique al máximo posible para no dejar lugar a errores y proteger los derechos de las personas que participan en la decisión.
  • Reversibilidad: una persona puede consentir una determinada acción en un momento dado y cambiar de opinión pasado un tiempo. El consentimiento también va acompañado del derecho a equivocarse, a rectificar, o simplemente, a cambiar de opinión.
  • No es presumible: una persona no puede simplemente dar por hecho que otra persona consiente hacer determinada acción. En términos legales, el consentimiento se objetiviza y se traduce en un documento firmado por escrito. No en todos los ámbitos de la vida es tan sencillo resolver este conflicto, pero no es imposible hacerlo. Es preferible preguntar antes que dar por hecho. Apóyate de la comunicación para resolver las dudas que te puedan surgir sobre la opinión de la otra persona. Dar por hecho que la otra persona consiente para conseguir un beneficio propio es aprovecharse de ella y puede llegar a considerarse delito.

 

El consentimiento sexual 

En nuestro día a día tomamos cantidad de decisiones, y en muchas de ellas, damos nuestro consentimiento. Desde permitir las cookies de la página web que leo hasta aceptar un tratamiento médico y recibir la receta o aceptar unas condiciones laborales. Si consentimos todas estas acciones, ¿cómo no va a existir el consentimiento en las relaciones sexuales? Es fundamental que exista. Que cuando una persona mantenga relaciones sexuales conozca toda la información y, a partir de ahí, decida.

En lo referente al ámbito sexual, el consentimiento se convierte en un tema de extrema relevancia. El consentimiento es importante a todos los niveles, ya que defiende los derechos de las personas, su derecho a tomar decisiones. En el ámbito sexual, el consentimiento se vuelve particularmente necesario puesto que entran en juego matices, como la integridad y la dignidad de las personas, la intimidad, el género o la violencia.

Una relación sexual debe ser consentida por todas las personas que participan en ella durante todo el tiempo que dure la relación. Si la relación sexual es llevada a cabo sin consentimiento se considera agresión sexual.